Hay quien persigue un deseo y hay quienes son perseguidos por el deseo.

La vida sin aspiraciones puede ser aburrida, pero cuando la aspiración se convertirse en obsesión, corres peligro; tu mente te domina y quedas a voluntad de emociones corrosivas.

Nadie debería sentirse frustrado después de intentarlo y no conseguirlo. La lucha implica diversos factores, y las circunstancias determinan. El problema surge cuando hipotecas tu vida en un anhelo sin limitación de tiempo y recursos, sin consciencia de que puedes arruinar tu vida y hacer de tu sueño un infierno.

Yo viví en Los Ángeles durante un tiempo, por entonces, la media de suicidios (solo en Santa Mónica) era de 17 al día, y toda gente joven, guapa, aspirantes a cantantes, actores y actrices que, tras tomar consciencia de que jamás lograrían la fama, resolvían con el suicidio. Creo que hay un momento para todo y, tirar la toalla a su debido tiempo puede ser el mayor de los logros. Esos anuncios verbeneros que nos vende esta sociedad delirante de poder aseverando que con esfuerzo y dedicación conseguirás tus metas, son irreales, fomentan el consumo y van destinados a la fábrica de los sueños rotos, que factura al año millonadas a cambio de mentes ingenuas.

El éxito es capricho de dioses y, gusta a los dioses labrar sus propias estatuillas. Unas brillaran con luz propia, otras, quedaran a merced de la sombra. Azar, suerte, destino, vaya usted a saber…