Dice Luis Rojas Marcos (psiquiatra) que locura y maldad van por caminos totalmente opuestos.

Basta entender que crímenes de tal calibre como el acontecido en Texas, solo pueden provenir de mentes quebradas, no malvadas.

La maldad tiene lazos de unión con la inteligencia, la locura con la enfermedad.

La inteligencia se vale de métodos más sofisticados para saldar sus deudas que el acto de matar. A los asesinos les mueven emociones nocivas como el odio, la frustración, la desesperación, el dolor contenido o la venganza, aunque suelen solapar estos sentimientos bajo una conducta o apariencia más o menos normal. Solo un psiquiatra podría explicar si para matar hace falta perder la cabeza o si el asesino actúa con total control y convicción de sus actos.  Como quiera que sea, esta nueva tragedia cobra, cómo no, tilde político, en vez de ser debate de psiquiatras, ya que media la eterna polémica de la adquisición libre de armas en un país con un índice muy elevado de delincuencia y criminalidad.

El uso y adquisición de armas debería estar prohibido en todos los países. 

Cierto que las armas deberían estar prohibidas no solo para uso personal, también para matar animales, pero hablamos de los Estados Unidos, una sociedad completamente distinta a la nuestra, a la que solo podríamos llegar a comprender viviendo allí e interactuando con ellos. Una sociedad que da culto a las armas como a su Dios, y si carecen de ambos se sienten indefensos, frágiles, despojados de su razón de ser. Volviendo a Rojas Marcos, quien podría dar una visión precisa y muy acertada como psiquiatra de esta terrible tragedia, quien además vive allí, apunta que los locos no suelen ser peligrosos, es más, tienden a desviar su odio hacia si mismos, mientras que aquellos que han sufrido un fuerte trauma en un momento determinado de sus vidas, rompen con la realidad y buscan la manera de saldar el daño, su dolor, con un deseo desesperado de venganza, pero desde la enajenación, sin conexión entre lo real y lo imaginario y sin media del bien y del mal.

Podría decirse de ésta otra clase de locura, la locura del sufrimiento oculto, del deseo desmedido de venganza, de aquel que no ha nacido enfermo, sino que ha pasado a ser víctima de la crueldad de la sociedad. Personas atormentadas y acostumbradas a fingir para pasar desapercibidos. Estigmatizados por la maldad del mundo actúan presumiblemente como el resto, pero son almas en perpetuo sufrimiento, para los que la vida, es tan solo la vía a mano para saldar su pena.

Domingo Terroba.

26/05/2022