Que aquí en U.K. no se nos conceda un solo respiro se entiende, pero que España esté retransmitiendo día y noche la vida y muerte de Isabel II cual BBC, es cuanto menos insólito.

Más aún que comunidad de Madrid y Andalucía decreten tres días de luto, completamente ridículo. Isabel II ha sido una gran mujer en su contexto. Personaje de, y para la historia, pero glorificarla tras su muerte es convertir en Camelia al viejo roble. Su vida no fue todo brillo, también hubo sombras, tragedias y errores que salpican a los comunes de sangre carmesí. Una vida que en su trayecto final se ha visto manchada de escándalos y graves sucesos silenciados a buen recaudo en los archivos de Scotland Yard. Circunstancias que la monarca supo conducir con sobriedad y elegancia, paciencia y ausencia de emociones; rasgos punteros del carácter anglosajón. La reina se ha ido dejando libre un trono enorme para un rey pequeño; que dice hablar con vegetales y plantas, y de su mano, una reina consorte tan impopular como indeseada; bruja mala de un cuento real. Pero los ingleses tienen la habilidad de transformar en gloria sus derrotas, así como hacer de un fracaso un acierto; algo que España fabrica al revés. Y España rinde garrafal homenaje de despedida a una reina del norte como si fuera suya, legítima, con honor y respeto que habrá que esperar concedan tras su partida al rey emérito Juan Carlos I, forzado al exilio, y al que niegan retorno; algo que jamás ocurriría en la corona británica. Descanse en paz la reina, y salve Dios la conciencia de cada pueblo, de acuerdo con su moral.

@domingoterroba.