Y entre virus, guerras, conflictos de luz y gas y apagón nocturno de la España fragmentada, empobrecida y sumisa, asoma la muerte y nos recuerda que todo tiene el valor del un segundo.

Sobre todo, para aquellos que viven con aparente intención de heredar la eternidad.

Olivia Newton-John, nos ha dejado a los 73 años tras una larga batalla contra un cáncer de mama que acabó en metástasis. Grease está de luto; Sandy ha muerto. No es artista que deja un vasto legado de filmes, premios e hits para la memoria, pero eso no importa, al final, lo que cuenta es su sonrisa, su calidez humana, su talento y la batalla con la que encaró su enfermedad. Olivia rechazó el papel de Sandy porque se veía vieja para encarnar a una chica que afronta su ultima adolescencia y, cosas de la vida, siempre triunfa aquello que refutas o en lo que no crees.

Tampoco fue mujer necesitada de un Oscar para enseñar al mundo que con sencillez y naturalidad también se puede triunfar. Olivia pertenece a esa última etapa dorada de Hollywood ya desaparecida; tierra de gigantes y de tentaciones, James Dean, Marilyn Monroe… Brillo refulgente reemplazado ahora por la mano que todo lo empaña; la mediocridad.

Tras su descomunal éxito en Grease, Olivia lo intentó de nuevo con otros proyectos, sin demasiado éxito, pero tampoco importa. Ella era ya una Diva. Había ganado una vez y eso es suficiente, sobre todo, cuando hay tantos a los que la suerte ni siquiera les invita a comenzar la partida. Descansa en paz Olvida Newton-John. Y recuerda que sigues con nosotros, simplemente, porque ya has estado aquí, regalándonos tu talento y haciéndonos soñar con tus interpretaciones; que no es poco. Sandy canta hoy Hopeless devoted to you desde un escenario muy elevado, desde donde la muerte no alcanza ni las miserias de la vida logran trepar. Sonríe y disfruta Olivia; lo mereces.

@domingoterroba