Si tuviera que clamar igualdad sería porque me siento inferior al resto y, yo, jamás me he sentido inferior a nadie.

Y si me asaltara ese deseo lo haría desde la seriedad y el respeto, no disfrazado de todo a cien y morreándome con mi pareja en medio de la calle.
Flaco favor hace LGTBI a la insignia que promueve, aunque ya sabemos qué se esconde detrás de ese logotipo y su bandera tempestuosa. Según estadísticas, a más reinas carnavalescas, más borracheras, más libertinaje, más torsos peludos subidos a tacones de vértigo y más huevos comprimidos en taparrabos, más odio y linchamientos. Más repulsa. Más rechazo.
No critico las formas, cada uno haga lo que le venga en gana, voy al núcleo, y es que cuando se trata de reivindicar el dolor de los que han sufrido y sufren un infierno en silencio, no procede montar un circo. Espantoso el discurso leído y vigilante de aplausos de la eurovisiva Chanel, quien agradece la presencia de Todos/das/des; patética. Imagino que quedó a gusto exhibiendo tan ruin y desmesurada incultura que, de seguro, conmocionó a la analfabeta nacional y tonta por excelencia Irene Montero. María del Monte (tras su salida del armario) agitando con la dificultad de los años la bandera del orgullo con el fervor de quien escapa del acoso y captura de un país islámico. Echo en falta a Ismael, el chico asesinado en A Coruña cuya familia aún pide justicia (probablemente sus padres no se suban a una carroza plumífera exhibiendo bigotes maquillados al son de caderas sudadas), como me faltan las fotos de otros asesinados a manos de cobardes miserables movidos por el odio.
¿Qué orgullo? ¿Qué armario? ¿Qué resiliencia? ¿Acaso hay necesidad de informar al mundo de con quién te acuestas? ¿A caso vivimos en un país donde se persiguen, lapidan o queman vivos a los homosexuales? El festejo es una falacia extravagante, improcedente, molesto según qué secuencias capta el ojo. Verbena veraniega que deja obeso los bolsillos de promotores y ayuntamientos y que, de no ser festivo, quizás ni existiría. Quien escribe ha sufrido acoso escolar, palizas e insultos, pero eso puede también ocurrirles a los gordos, feos, orejones, los que llevan gafas, calvos, narigudos… la vida está plagada de injusticias y tejida por patrones establecidos. Lo grave es cuando crees lo que dicen de ti los otros. La voz del ignorante tiene más trayecto que el aviso del sabio. Un insulto más proyección que un alago. La ignorancia crea legiones. Demasiada ceguera oscurece el mundo, a pesar de que la naturaleza nos provee de un par de ojos.